Un ser humano pasa en su vida por diferentes etapas que reciben distintos nombres según la edad de cada uno. Al poco tiempo de la concepción ya es un embrión con aspecto de persona aunque sólo de unos pocos centímetros. A partir de las ocho semanas se considera un feto hasta los nueve meses en que nace. Es un niño aproximadamente hasta los doce años, cuando se convierte en un adolescente, aunque siga siendo el mismo ser humano. A partir de los dieciocho se considera un joven hasta los treinta aproximadamente en que pasa a ser un adulto. La tercera edad legalmente empieza con la jubilación a los sesenta y cinco años.
Es decir, que en ningún momento ha cambiado la naturaleza de ese ser humano. Tiene los mismos genes desde su concepción hasta la muerte. Lo único que va cambiando es el tamaño según la edad. ¿Cómo puede haber gente que considere que un embrión o un feto no tiene derecho a la vida, sólo porque tiene menos centímetros o tiempo de existencia?. Según eso, mañana podríamos decir que los menores de cuatro años no son personas o que los mayores de setenta ya no deben vivir. Si ponemos una edad arbitrariamente, también podríamos añadir el color de piel, la altura o cualquier otra característica física. Eso nos llevaría al nazismo.
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jueves, 11 de diciembre de 2014
viernes, 31 de enero de 2014
Nasciturus
El que va a nacer, en latín. Es decir, el ser humano que tiene la capacidad para crecer, desarrollarse y acabar saliendo del cuerpo de su madre. Es como cuando alguien dice que no le gustan las orugas pero sí las mariposas. Una oruga es una mariposa en ciernes. Igualmente, un feto es el estado anterior de un ser humano. Como le llamamos niño, adolescente o joven, dependiendo de su edad; un feto sólo es una persona de edad menor. No existe ninguna diferencia genética con lo que va a llegar a ser. Por eso resulta ridículo que lleguen a afirmar que un feto no es un ser humano o incluso un ser vivo. Es profundamente anticientífico.
Pero cuando se trata de ideología no se puede esperar razonamiento alguno. Lo absurdo es que haya calado ese pensamiento incluso entre personas bien preparadas. Por eso la ley de plazos es profundamente injusta, porque el feto es exactamente lo mismo con dos semanas de gestación que con catorce o veinticuatro. Sólo varía en forma y tamaño. Pero es importante saber que, ya desde las cinco semanas, se puede reconocer claramente en las ecografías el ser humano que se está formando. De todas maneras, aunque no fuera así, no dejaría de serlo realmente. Abortar es matar a una persona indefensa que llegaría a nacer con sólo que lo dejaran vivir.
Pero cuando se trata de ideología no se puede esperar razonamiento alguno. Lo absurdo es que haya calado ese pensamiento incluso entre personas bien preparadas. Por eso la ley de plazos es profundamente injusta, porque el feto es exactamente lo mismo con dos semanas de gestación que con catorce o veinticuatro. Sólo varía en forma y tamaño. Pero es importante saber que, ya desde las cinco semanas, se puede reconocer claramente en las ecografías el ser humano que se está formando. De todas maneras, aunque no fuera así, no dejaría de serlo realmente. Abortar es matar a una persona indefensa que llegaría a nacer con sólo que lo dejaran vivir.
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